A principios del siglo VIII, los árabes atraviesan el estrecho de Gibraltar y se extienden rápidamente por la Península Ibérica. El Emirato independiente de Al-Andalus y más tarde el Califato de Córdoba marcan el apogeo de la dinastía de los Omeyas y con ella la de la cultura árabe en Andalucía. Córdoba se convirtió en el centro y crisol de las diferentes culturas y religiones. Comercio, ciencia, artesanía y arte experimentan un gran auge. A partir del año 1031, el califato se dividió en pequeños reinos islámicos. Los almorávides y los almohades (bereveres) se sucedieron en el control de Al-Andalus hasta el siglo XIII. Después de la reconquista de Córdoba (1236) y Sevilla (1248), la dinastía nazarí reinará durante dos siglos y medio, estableciendo su sede en Granada. El último rey moro, Boabdil, tras entregar en enero de 1492 las llaves de Granada a los reyes Isabel y Fernando, se refugia en las Alpujarras.